Tiene un sabor y tiene saber. La diferencia empieza desde que te levantas con la mente más despejada, con pasos más cautelosos hacia el baño para después viajar a la cocina. Cuando pones más agua que la de costumbre, cuando mides tus porciones con más cuidado con la mirada.
Déjalo hervir un poco más, que
hoy si tenemos tiempo de servirlo y dejarlo enfriar, sin estarlo apresurando a
resoplidos.
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